Las meigas de Galicia: «haberlas, haylas»

Hay una frase que cualquier persona que visite Galicia acabará escuchando tarde o temprano, casi como una contraseña: «eu non creo nas meigas, pero haberlas, haylas». Ni afirma ni niega. Se queda justo en el medio, como la niebla que cubre los bosques gallegos al atardecer.
Quiénes son las meigas, según el imaginario gallego
La meiga es la figura central de la mitología de Galicia, una mujer a la que se atribuyen poderes para curar, proteger o, según el caso, hacer daño. A diferencia de la bruja de otros folclores europeos, casi siempre asociada a la maldad, la meiga tiene una naturaleza doble desde el principio. La mitología gallega incluye la creencia en brujas, conocidas como meigas, a quienes se atribuyen poderes mágicos, y que pueden ser tanto malévolas como benévolas, actuando como sanadoras y hechiceras.
Esa tradición está profundamente ligada a la vida rural de antaño. La tradición de las meigas está muy arraigada en la vida rural, donde solían ser requeridas para remedios populares, bendiciones o maldiciones. No eran figuras lejanas de cuento, sino vecinas a las que se acudía cuando un remedio de botica no bastaba, o cuando una desgracia parecía tener una explicación que iba más allá de lo natural.
Dentro de este universo se distinguen con claridad dos tipos. Las meigas son diferentes del concepto tradicional de bruja en otras culturas, ya que en Galicia pueden hacer tanto el bien como el mal según su intención; se distingue entre las sanadoras, que usan sus poderes para ayudar a la comunidad con remedios de salud y hechizos de buena suerte, y las meigas chuconas, las malas, que causan desgracias. Esta dualidad explica por qué en Galicia nunca se habla de las meigas con el mismo tono con que se hablaría de un monstruo de feria: hay respeto, cierta cautela, y también gratitud hacia quienes, según la creencia popular, usaban sus saberes para sanar.
El propio nombre de la región recoge esa fama. Galicia es conocida popularmente como «Terra Meiga», la tierra encantada o la tierra de las brujas, un apodo que sin duda alude a la fuerte tradición de leyendas y personajes mitológicos que confieren a la comunidad gallega un carácter mágico.
Raíces celtas y el encuentro con el cristianismo
Para entender de dónde salen las meigas hay que remontarse muy atrás en el tiempo, a un territorio marcado por pueblos que compartían cultura y creencias con otras regiones atlánticas de Europa. La mitología gallega tiene fuertes vínculos con la cultura celta, que se extendió por las regiones atlánticas de Europa, incluidas partes del norte de España; la antigua tribu celta de los gallaeci habitó Galicia ya en el primer milenio antes de nuestra era. De ahí procede buena parte del imaginario mágico de la región: el culto a la naturaleza, a los ríos, a los bosques, a las piedras.
Precisamente esa veneración de lo natural es una de las claves de la cultura celta que se mantuvo viva en Galicia durante siglos. Un elemento central de estas influencias celtas era la veneración de la naturaleza y la creencia en espíritus que habitan el mundo natural, especialmente ríos, montañas y bosques. Cuando el cristianismo llegó a la región, no borró estas creencias de un plumazo, sino que las fue absorbiendo poco a poco.
El proceso fue de mezcla más que de sustitución. A medida que el cristianismo se extendía por Galicia en la Alta Edad Media, muchas creencias prácticas prácticas prehispanas se incorporaron a la práctica cristiana: deidades y espíritus paganos se reinterpretaron como santos o figuras demoníacas, y las fiestas tradicionales se adaptaron al calendario cristiano. Un ejemplo claro es la fiesta celta de la cosecha, que con el tiempo se transformó en la festividad de Todos los Santos sin perder del todo su conexión con el mundo de los espíritus, según recoge la propia tradición local.
En ese cruce de caminos entre lo pagano y lo cristiano nacieron también las meigas tal y como se cuentan hoy. Las brujas, o meigas, también evolucionaron durante este periodo, a menudo combinando el papel de sanadoras del pueblo con el de sospechosas agentes del mal a ojos del cristianismo. Esa tensión entre sanadora y sospechosa es, en el fondo, la misma tensión que sigue viva en el dicho que da título a este texto.
«Haberlas, haylas»: el dicho que no se moja
La frase completa suele decirse en gallego como «eu non creo nas meigas, pero habelas hailas», que se traduce como «no creo en las brujas, pero hay brujas», una construcción que a primera vista parece contradictoria pero que en realidad está calculada al milímetro. No es un despiste ni una frase mal pensada: es retranca, ese estilo tan gallego de decir las cosas con ironía y con una sonrisa medio escondida.
Sobre el mecanismo de la frase, quienes han estudiado su construcción explican que el juego lingüístico no está solo en la última parte. El juego de palabras está en toda la frase, no solo en la última parte; esa última parte sirve para asegurar dos veces que existen las brujas, y al ponerla delante uno dice primero que no cree en ellas. Es decir, primero se cubre uno las espaldas negando la creencia, y después, casi en el mismo aliento, la reafirma.
El resultado es una frase que funciona como un seguro ante lo desconocido, ni de creyente convencido ni de escéptico cerrado. La expresión «habelas hainas», que significa «existen, vaya si existen», refleja la creencia en la presencia de las brujas a pesar del escepticismo de algunos. Es una manera de dejar la puerta entreabierta, por si acaso, sin comprometerse del todo con ninguna de las dos posturas.
Este tipo de fórmulas ambivalentes no son exclusivas de Galicia, pero allí se han convertido en seña de identidad. Como resume una de las voces recogidas sobre el carácter gallego, la gente gallega tiene el rasgo de ser muy sarcástica, algo que ellos llaman retranca, y tienen muchas formas graciosas y sarcásticas de decir las cosas; el dicho viene a significar que no hay brujas, pero que uno prefiere creer en ellas por si acaso, y Galicia es una tierra llena de magia y tradiciones alrededor de las brujas.
Meigas boas, meigas chuconas y el ritual de la queimada
Dentro del imaginario popular, la frontera entre el bien y el mal la marca siempre la intención de la meiga, nunca su condición en sí misma. Las llamadas sanadoras o mujeres sabias eran, según cuenta la tradición, quienes ponían sus conocimientos al servicio de los demás. Las meigas buenas, también conocidas como sanadoras o mujeres sabias, son mujeres que usan su conocimiento de las hierbas y la naturaleza para curar enfermedades y ayudar a la comunidad.
En el extremo opuesto estarían las meigas chuconas, asociadas a las maldiciones y a la envidia que, según cuentan las historias más antiguas, se cebaba con el ganado, las cosechas o la salud de una familia entera. Las meigas malas, o meigas chuconas, están asociadas a la magia negra y a actos malévolos, como maldiciones y hechizos. Frente a ese temor, la cultura popular desarrolló sus propios amuletos y rituales de protección, algo tan cotidiano como colgar una figa junto a la cuna de un recién nacido.
El ritual más conocido para protegerse de envidias y malas influencias es la queimada, una bebida que se prepara quemando aguardiente con azúcar, cáscaras de limón y granos de café mientras se recita un conjuro en voz alta. Uno de los rituales más fascinantes relacionados con estas figuras es el conjuro de la queimada, una ceremonia en la que se prepara esta bebida hecha de aguardiente, azúcar, cáscaras de limón, granos de café y hierbas o frutas. Compartir la queimada en una noche de reunión sigue siendo, hoy, una forma de celebrar esa herencia sin necesidad de tomar partido sobre si las meigas existen o no.
Más allá del vaso azulado de llamas, la queimada y las meigas comparten un mismo papel simbólico dentro de la cultura gallega. Las meigas y la queimada son más que simples elementos del folclore gallego: son manifestaciones de una cosmovisión única que ha perdurado a lo largo de los siglos, y en un mundo cada vez más globalizado, estas tradiciones siguen siendo un recordatorio del poder de la cultura local.
María Soliña y la sombra de la Inquisición
El folclore de las meigas no flota solo en el terreno del cuento: tiene también un anclaje histórico incómodo, el de la persecución real de mujeres señaladas como brujas. Una de las figuras más recordadas en este sentido es María Soliña, mujer de la costa de la ría de Vigo. Una de las personas más famosas relacionadas con las antiguas tradiciones mágicas es María Soliña, una bruja gallega que vivió durante el siglo XVII.
Su historia se enmarca en un contexto en el que las autoridades religiosas de la época miraban con recelo la vida espiritual del norte peninsular. Galicia siempre ha sido conocida como refugio de brujas; en 1572 un inquisidor se refirió a sus habitantes como llenos de supersticiones y con poco respeto por el cristianismo, y en 1610 el dramaturgo Tirso de Molina llegó a escribir que Galicia produce brujas con la misma facilidad que nabos. Esa fama, exagerada o no, dejó huella en la memoria colectiva de la región.
En el caso concreto de María Soliña, las crónicas recogen tanto su detención como su suerte final tras el proceso. Según la leyenda, ella reunió un ejército de mujeres para frenar un ataque de la flota turca; en 1621 la Inquisición la capturó, la torturó y la encarceló, y aunque confesó haber practicado brujería durante décadas ayudando a la gente de la zona de la ría de Vigo, la Inquisición finalmente la dejó en libertad. Su nombre ha quedado asociado desde entonces a la figura de la mujer sabia que paga un precio alto por un conocimiento que la comunidad, en el fondo, seguía necesitando.
Este trasfondo histórico ayuda a entender por qué el dicho «haberlas, haylas» no suena a broma vacía para quien conoce bien la tierra gallega. Detrás de la frase hay siglos de mujeres reales, sanadoras de pueblo, comadronas y curanderas, cuyo oficio quedó atrapado entre la ayuda que prestaban y la sospecha que despertaban en épocas de intolerancia religiosa.
Por qué el dicho sigue tan vivo hoy
Uno de los motivos por los que esta frase ha sobrevivido tantas generaciones es que resuelve, con una sola oración, un conflicto muy humano: el deseo de explicar lo inexplicable sin renunciar del todo a la razón. La creencia en brujas y espíritus, en muchas culturas rurales, cumplía precisamente esa función. La brujería era otro medio de explicar lo inexplicable; vivir en un mundo donde los sucesos cotidianos no tenían aún explicación científica debía de resultar confuso, y asignar razones a los acontecimientos, por extrañas que fueran, forma parte de nuestra herencia humana.
Hoy, quien pronuncia «eu non creo nas meigas, pero haberlas, haylas» rara vez lo hace pensando en calderos y conjuros de verdad. Lo dice, sobre todo, como guiño cultural, como una manera de honrar la memoria de las abuelas, de los remedios caseros y de los relatos que se contaban junto al lar en las noches de invierno. Es una frase que permite sentirse parte de una tierra con historia mágica sin tener que jurar sobre ella.
El propio orgullo por esta identidad se percibe en cómo Galicia sigue reivindicando su apodo tradicional. Galicia no lleva el nombre de tierra meiga por nada: además de ser tierra de criaturas milagrosas y seres místicos, su larga tradición de brujería, hechizos y magia sigue fascinando a locales y turistas por igual. Esa fascinación convive, sin conflicto aparente, con una vida moderna y perfectamente racional.
Al final, el valor de este dicho está en lo que permite hacer con las propias dudas: guardarlas, mimarlas un poco, sin tener que resolverlas del todo. Quizá por eso sigue apareciendo en amuletos, en visitas guiadas por Santiago, en sobremesas con queimada y en la boca de quien, sin ser de Galicia, se deja seducir por una tierra donde la niebla, los bosques y las viejas historias todavía tienen la última palabra.
Ver también en el diccionario de sueños
Preguntas frecuentes
›¿Qué significa exactamente «haberlas, haylas»?
Es la parte final de un dicho gallego que, tras negar la creencia en las brujas, la reafirma de inmediato: viene a decir «existen, claro que existen», dejando la puerta abierta a la duda sin comprometerse del todo con ninguna postura.
›¿Las meigas son buenas o malas?
Según el folclore gallego, pueden ser ambas cosas. Se distingue entre las meigas sanadoras, que ayudan con remedios y buena suerte, y las meigas chuconas, vinculadas a maldiciones y desgracias.
›¿De dónde viene la tradición de las meigas en Galicia?
Sus raíces se remontan a creencias célticas ligadas a la naturaleza, que con la llegada del cristianismo medieval se fueron mezclando con nuevas figuras y festividades, dando lugar al folclore actual de las meigas.
›¿Quién fue María Soliña?
Una mujer gallega del siglo XVII, del entorno de la ría de Vigo, procesada por la Inquisición acusada de brujería. Su historia se cuenta hoy como uno de los relatos más conocidos ligados a las meigas.
›¿Qué es la queimada y qué relación tiene con las meigas?
Es una bebida tradicional gallega de aguardiente flameado con azúcar, café y cáscaras de limón, que se prepara recitando un conjuro para alejar envidias y malas influencias asociadas a las meigas.
- Galician mythology - Wikipedia
- Legends of Galicia: the most magical stories of this land - Monte do Gozo
- The Meigas and the Queimada: Mysteries - Galicia Travels
- The Powerful Woman Known as Maria Solina - Ancient Origins
- 10 Fascinating Mysteries Of The Ancient State Of Galicia - Listverse
- haberlas haylas - WordReference Forums
- Tierra Meiga — Witches' Land - Medium (Kimberley Silverthorne)